viernes, 10 de enero de 2014

En un día de huelga nacional

Se sabe que es una huelga o paro nacional cuando el tráfico de la carrera Séptima, en Bogotá, se encuentra detenido. Cuando llegando al centro de la capital colombiana se ven multitudes con pancartas, banderas y objetos que representan un movimiento en pro del pueblo. Cuando se pregonan cantos y arengas para la libertad y el respeto por los ciudadanos. Cuando el movimiento estudiantil se hace presente para reclamar un país mejor, además de ofrecer un apoyo para el cambio del mismo. En un día de huelga todo se centra entre las carreras Séptima y Octava, entre las calles 10 y 11. En ese reducido espacio se da una mezcla de estratos, de géneros, de edades, de gente. Allí se encuentra la Plaza de Bolívar.

Son las 8 am, yendo a la Plaza, me encuentro con un hombre que vende tintos, me cuenta del sin fin de movimientos que ha presenciado en su vida, y dice que "a lo mejor este puede hacer la verdadera diferencia". Me cuenta un poco de historia del sector de la capital y aclara: "todo esto cuando no existía el gobierno facho". Llegando a la Plaza, justo en el medio de esta, hay un hombre, que haciendo gala de una habilidad para las artesanías, me muestra un juego mental hecho con alambre, que en frente nuestro él mismo realiza. Se trata de una figura antropomórfica con un cuadrado atado a lo que sería el pie. La idea es liberarlo. Mientras nos tiene entretenidos busca una conversación amena. Nos cuenta de lo que hace para vivir, de cómo es su jornada y de cómo deposita sus esperanzas de un mejor país en los pregones de la multitud que están por llegar. 

Es la hora de la huelga, 10 de la mañana.  Ya llena la Plaza de todos los manifestantes se empieza a cantar con fuerza. Gente con tambores, con tapas de ollas y con molinillos gritan sus exigencias a una sola voz. El señor al cuál reclaman parece hacer caso omiso de que en su "patio trasero hay plantas que mueren por desatención y negligencia". Todo marcha con tranquilidad hasta que la Policía y Fuerzas Especiales irrumpen para desatar el caos, arrojando gases lacrimógenos para dispersar la multitud. La huelga se ha visto interrumpida por la Fuerza Pública. Termina el primer día. Todo se sigue desarrollando igual que el día anterior hasta que el Gobierno hace un par de negociaciones y promesas que jamás cumplen. Una vez más, otro paro ha sido olvidado y la ciudad se sumerge en la rutina que siempre la ha acompañado. ¿Hasta cuándo el pueblo será recompensado? 

Para finalizar les dejo un fragmento de Ernesto Sábato. "Lamentablemente, las leyes de Obediencia debida y de Punto final, y luego los indultos, han abortado aquella voluntad soberana que hubiese sido un ejemplo de lucha ética, que hubiera tenido consecuencias ejemplares para el futuro de nuestra patria. [...] Con qué indignación he visto, en un día de huelga nacional, con despótica soberbia, a la policía arrojando al suelo la comida que unos obreros preparaban en sus ollas populares. Y entonces me pregunto en qué clase de sociedad vivimos, qué democracia tenemos donde los corruptos viven en la impunidad, y al hambre de los pueblos se la considera subversiva."

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